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Katsushika Hokusai fue un polifacético y productivo artista (pintor, dibujante y grabador).
Nació sobre 1760 en Edo (actual Tokyo). Sobre los 5 o 6 años ya empezó a dibujar y desarrollar su pasión sobre la pintura. Hokusai quedó huérfano siendo muy pequeño, por lo que fue adoptado por un prestigioso artesano que realizaba espejos para la corte del Shogun. De joven, Hokusai trabajó como vendedor en una librería y a los 15 años entró como aprendiz de grabador y xilógrafo en un taller. Con 18 años, se convirtió en el discípulo y aprendiz de Shunsho, el maestro de la escuela ukiyo-e. Aprendió la técnica del grabado con planchas de madera, especializándose en el retrato de actores, y un año después empezó a publicar sus primeros trabajos con una técnica ya dominada. También trabajó con otros pintores como Hiroyuki y Torin y estudió pintura europea.

Ciruelo y Luna, Hokusai

Sobre los 20 años se casó, y la vida familiar le pudo influenciar en sus diseños en los que aparecen actores y mujeres en paisajes históricos y jardines utilizando la técnica uki-e (técnica occidental de la perspectiva), e impresiones de niños. Sus textos y libros de ilustraciones dieron la vuelta a temas históricos y didácticos; y su trabajo en el género Surimoro durante toda la década siguiente marcó uno de los puntos culminantes de su carrera.
Al comienzo de la década de 1790 sufrió la muerte de Shunso y su esposa, quedándose solo con tres hijos. En 1797 volvió a contraer matrimonio y cambió su nombre al ahora conocido, Hokusai. Este momento marcó el inicio de su apogeo artístico. En este periodo utilizó toda la gama del arte ukiyo-e: publicó una serie de importantes retratos femeninos, libros ilustrados, ilustraciones de antologías de versos, libros eróticos, libros a mano, bocetos, surimonos y tarjetas.
Más tarde, profundizó en la representación de paisajes y escenas históricas, donde la figura humana desempeña un papel secundario. Y finalmente introdujo en su estilo la técnica de la perspectiva y el colorido occidental.
Empezó el siglo haciendo ilustraciones del yomihon y novelas históricas. A raíz de esto, su estilo comenzó a sufrir cambios importantes. Su trabajo, cada vez con mayor alcance, perdió delicadeza y Hokusai tendió a poner más énfasis en temas clásicos tradicionales, especialmente la representación de samuráis, guerreros o temas chinos, y a alejarse del mundo del ukiyo-e.

Sumidagawa Seika no sato, Hokusai

Por esa época también empezó a estudiar el arte de la ilustración de novelas, y a partir de 1814 empezó a editar libros de dibujos “manga”, reproduciendo la vida y actividad del pueblo en sus tareas cotidianas, además de series de escenas mitológicas, de animales, de plantas y paisajes. Dos años antes, su hijo, el cual era una buena fuente de sustento, murió, por lo que es posible que por razones económicas Hokusai se centrara en la ilustración de libros y copias de grabados diseñados para artistas aficionados.

Cortesana, pintada sobre seda, Hokusai

Peonia y Canario, Hokusai


Como artista, contribuyó a dar una nueva dimensión al ukiyo-e, convirtiendo al paisaje y a la pintura de flores y pájaros en géneros autónomos y reconocidos. Supo combinar colores, perspectivas y detalles, representando la naturaleza a veces con un realismo radical. Durante toda su carrera artística tocó temas muy diversos, pasando de burdeles a imágenes religiosas budistas y de plantas a grandes paisajes. Además de caricaturas satíricas, el diseño de arquitecturas religiosas, paisajes en miniatura y panoramas. Fue un gran innovador, ya que llegó a utilizar como instrumentos pictóricos huevos, botellas y los dedos. Se calcula que su obra abarca unas 30.000 estampas e ilustraciones para casi 500 libros. Su serie más famosa es las “36 vistas del Fuji”, que ha sido considerada por la crítica como la obra cumbre de la pintura paisajística japonesa. Desde mediados del siglo sus grabados llegaron a París, donde se coleccionaban con gran entusiasmo y tuvieron mucha influencia sobre los impresionistas como Monet, Degas y Toulouse-Lautrec.

Vista del Monte Fuji bajo ola de Kanagawa, Hokusai

36 vistas de Fuji: Soshu umezawa-sai, Hokusai
Muchos autores franceses, como Manet, Pierre Bonnard, Renoir, Degas o Toulouse-Lautrec, se vieron atraídos por este arte, alejado del arte greco-romano, ya que consideraban que era una forma de mantener la distancia con la mentalidad artística occidental que se imponía en las academias.

Los impresionistas se identificaron profundamente con las estampas de los maestros de las ukiyo-e de un siglo atrás, ya que estos eran muy modernos en la forma de representación y tenían en común el interés por la vida cuotidiana, la naturaleza en sus diferentes épocas del año, los paisajes, los temas triviales como campesinos trabajando, la vida de la ciudad, las mujeres en quehaceres diarios o el teatro.

Algunos artistas impresionistas que se pueden destacar son:

Claude Monet
Se vio influenciado por Utamaro. La influencia de este maestro nipón en su obra “La Japonesa” es muy marcada. Monet representó a una mujer vestida con kimono y abanicos que recuerda a las hermosas y seductoras mujeres japonesas que pintaba Utamaro.

La Japonesa, Monet

Japonesa pintada por Utamaro



Toulouse-Lautrec
Este autor también estuvo influenciado por el arte de Utamaro. Lautrec utilizó colores planos, líneas negras con gran riqueza para resaltar ciertas zonas, tal y como se utilizaban en las estampas japonesas. En cuanto al tema de su obra, Lautrec pintó las bailarinas del Moulin Rouge en una pose muy atrevida para la mente occidental pero no para la oriental, ya que los nipones presentaban otro concepto del erotismo, tal y como se veía en las obras de Utamaro en las que representaba las mujeres del barrio de los placeres de Edo (nombre del antiguo Tokyo).


Salón de la rue des Moulins, Toulouse-Lautrec

Japonesa, pintada por Utamaro


Cabe destacar que incluso la firma de Lautrec estaba inspirada en los sellos japoneses que venían en las ukiyo-e. No sólo el diseño ya que el pintor también utilizó en algunas de sus obras el color rojo para firmar, igual que los autores japoneses.



Paul Cézanne
Cézanne pintó una serie de obras sobre su querida montaña Santa Victoria, que representó en 44 óleos y 43 acuarelas, claramente influenciado por las 36 vistas al Monte Fuji de Hokusai. Prueba de ello es el enfoque fotográfico que utiliza Cézanne en sus obras tal y como hacían los autores nipones del ukiyo-e de un siglo atrás.

La montaña Sainte Victorie, Cézanne

Monte Fuji, Hokusai



Van Gogh
Van Gogh se sintió muy atraído por las estampas japonesas con las que no sólo se inspiró para sus propias obras sino que además copió algunas estampas de Hiroshige y enmarcaba sus trabajos en marcos de madera lacada y signos japoneses.

Puente, por Van Gogh

Puente, por Hiroshige



El pintor quedó impresionado con el tratamiento del color de las estampas, así como de su perspectiva sin punto de fuga.

Además, Van Gogh incluye en sus representaciones de árboles el movimiento típico de las estampas niponas, con las ramas de los árboles en primer plano y retorcidas, así como sus troncos.

El ciruelo en flor, Van Gogh

El ciruelo en flor, Hiroshige